"...todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en su vida, al menos una vez."
"Estoy muy triste.
Esos hombres están quemando libros."
"Quizá los nazis no odian sólo nuestros libros.
Quizá nos odian a nosotros."
"Me contaron tan bien esa historia que me la he creído durante tres años y ochos meses.
Esa historia salvó mi vida."
"Termine como termine mi historia, nunca olvidaré lo afortunado que soy."
Un niño judío, Félix, narra en primera persona su historia en medio del entorno terrorífico que fue la Segunda Guerra Mundial en Polonia.
Escapando del orfanato donde lo dejaron sus padres, emprende un viaje para buscarlos. Y es en ese lapso, que la ingenuidad e inocencia que regían su vida se empieza a desmoronar de golpe cuando va descubriendo la verdad sobre Hitler y los nazis, cuando observa cosas que ningún niño debería de ver, cuando empieza a sentir que la muerte puede estar a la vuelta de la esquina.
Una historia de ficción basada en hechos reales, y que a pesar del dolor y la angustia, es un libro que enternece, que gusta, que conmueve.
Una elegía por los miles de muertos habidos. Un recordatorio de la injusticia y la violencia sin sentido. Una oda a la amistad, a la esperanza, a la compasión y a la empatía.
Un ejemplo claro que demuestra como el poder de las historias, ciertas o inventadas, pueden ser el salvavidas de nuestra existencia.
Una historia corta, sencilla, fácil de leer, entrañable.
Esta novela, de Morris Gleitzman, es la primera de una serie, pero se puede leer como un libro autoconclusivo.
Etiquetada como juvenil, pero que recomiendo ampliamente para cualquier edad.
