"Aweida... Podría decirse que no tenía nombre cuando la llevamos a los Grandes Acantilados. Le pusimos ese porque tenía una voz agradable. Cantaba como un ruiseñor."
"-No me gusta este tipo de misterios. Esa azagaya no es un arma construída por un niño, es demasiado refinada... Además, esas plumas, ¿para qué pueden servir? Quiero saber a qué atenerme."
"Gritaban mi nombre, ensalzaban mi valor, proclamaban que el nombre de Marah permanecería grabado en la memoria de la tribu."
"El mamut tiene mala vista, pero su olfato y su oído son finísimos. Dio muestras de cierto nerviosismo, agitó las orejas y apretó el paso."
Un viaje cautivador que nos abre una ventana al fascinante mundo de la prehistoria, en lo que actualmente es el Périgord francés, hace aproximadamente, 10,000 años.
La tribu de los acantilados llevaba una vida apacible, y tranquila, tanto como las circunstancias de su ámbito podían permitirlo. La naturaleza los proveía de aquello que necesitaban: animales para cazar, comida y agua. Pero su entorno sufre una sacudida social cuando encuentran una flecha que ellos llamaban "azagaya", pero mucho más elaborada que las que ellos utilizaban, y a una adolescente misteriosa, que desatará un feroz conflicto entre los cazadores líderes de la tribu, Marah y Hanko.
Michel Peyramaure nos muestra una vida pacífica, sí, pero donde el miedo por el futuro, el temor a la evolución, la envidia, el odio, la vergüenza, las alegrías, y el enamoramiento, son partes importantes de esta historia. Así como la inmensa obsesión de Marah por cazar al último gran mamut que quedaba en sus tierras.
Una novela de ficción, aventura y honor, muy visual y atrapante, donde se expone la lucha por la vida, los celos, la pasión tardía, y el choque entre lo antiguo, y la modernidad que asomaba.
¡Me gustó!






