jueves, 23 de abril de 2026

"Frankestein..."

"Una lluviosa noche de noviembre conseguí por fin terminar a mi hombre; con una ansiedad casi cercana a la angustia, coloqué a mi alrededor la maquinaria para la vida con la que iba a poder insuflar una chispa de existencia en aquella cosa exánime que estaba tendida a mis pies."

"¡Creador insensible y despiadado..! Me otorgaste sensaciones y pasiones, y luego me arrojaste al mundo para desprecio y horror de la humanidad."

"Vengaré mis agravios; si no puedo inspirar amor, infundiré miedo."

"Tú eres mi creador, pero yo soy tu amo: ¡obedece!"

"Ningún hombre elige el mal por ser mal, sólo lo confunde con felicidad. Busca lo bueno."

El doctor Frankestein se obsesiona con la idea de crear vida, desafiando las leyes de la naturaleza, y de esta manera evidenciar su talento. Y es así como crea vida de la mismísima muerte. Pero el resultado no es lo que esperaba... demasiado tétrico para verlo como una persona, y muy humano para ser una aberración.
Una creación que no poseía nombre, y sólo lo llama "el Monstruo."

Una historia que habla de cuestiones de total actualidad, a pesar de haber sido escrito en el siglo XVIII.

El buscar la inmortalidad, o la extensión de la vida, sin sopesar las consecuencias. Habla del deseo del hombre por ser como Dios, o superior a Él. La ambición humana, la soledad, la angustia al rechazo, el deseo inconmensurable a "encajar". Los límites de la ética, el pecado, la redención, el odio y el deseo de venganza.

El cómo juzgamos por la apariencia sin darnos la oportunidad de conocer el interior de los demás. Porque el rechazo duele más que la soledad, ya que todos anhelamos ser vistos, reconocidos, aceptados y amados.

Con una prosa increíble, a pesar del lenguaje elevado, ya que es una novela gótica de 1818. "Frankestein" dio origen a un género literario completamente nuevo: la ciencia ficción dentro del terror gótico. Mary Shelley contaba con 18 años al escribirlo, y con esta historia, ella se volvió inmortal.

Al final nos deja pensando, ¿quién es el verdadero "monstruo"? ¿El que fue creado o aquel que crea, y abandona?

¡Excelente!




miércoles, 22 de abril de 2026

"La muerte de Iván Ilich..."

"El sencillo hecho de la muerte de un allegado suscitaba en los presentes, como siempre ocurre, una sensación de complacencia, a saber: <el muerto es él; no soy yo>"

"No puede ser que la vida sea tan absurda y mezquina. Porque si efectivamente es tan absurda y mezquina, ¿por qué habré de morir, y morir con tanto sufrimiento? Hay algo que no está bien."

"Siempre lo mismo. De pronto brilla una chispa de esperanza, luego se encrespa furioso un mar de desesperación, y siempre dolor, siempre dolor, siempre congoja y siempre lo mismo."

"Era imposible que todo ser humano estuviese condenado a sufrir ese horrible espanto."

"Buscaba su anterior y habitual temor a la muerte y no lo encontraba. <¿Dónde está? ¿Qué muerte?> No había temor alguno porque tampoco había muerte.
En lugar de la muerte había luz."

León Tolstói construye una historia que en principio parece sencilla, la enfermedad y agonía de un hombre, que al enfrentarse a la muerte empieza a recapitular y cuestionar su vida. Y es ahí donde se encuentra la clave, en esa mirada restrospectiva, en esa sensación de frustración por haber vivido lo que se esperaba, y no lo que en verdad importaba.
Nos pone en la piel de ese hombre con una vida perfecta: el trabajo ideal, la casa de revista... y el que siempre hacía lo que la sociedad esperaba que hiciera.

Es una novela directa, que por momentos puede incomodar, porque nos hace buscar dentro de nosotros mismos, y hacer que nos preguntemos si en realidad estamos viviendo o sólo hemos estado cumpliendo lo establecido por la sociedad. 

Y duele, porque esa muerte sólo despierta la indiferencia y el silencio de los demás, sus amigos. Sin dramas, ni reproches, simplemente una claridad que lastima.

Una lectura breve de León Tolstói que golpea con una fuerza que no se podía imaginar. De esas lecturas que te detienen, y te hacen pensar profundamente.

¡Lo recomiendo!



miércoles, 1 de abril de 2026

"Siete plantas..."

" Los enfermos eran distribuidos en una u otra planta según la gravedad. La séptima, o sea la última, era para los casos más leves."

"Cada planta era como un pequeño mundo en sí misma, con sus reglas particulares, sus especiales tradiciones."

"... se sentía a disgusto al pensar que entre él y el mundo normal, el de la gente sana, se interponía ya un claro obstáculo."

"... aunque semejante temor fuera una absoluta bobada, se sentía invadido por extraños escalofríos a la vista de las ventanas de la primera planta, siempre cerradas en su mayoría, que estaban mucho más cerca."

"Seis plantas, seis terribles muros, aunque fuera por un error formal, se cernía ahora sobre Giuseppe Corte con su implacable peso."


Giuseppe Corte, el protagonista de esta brevísima historia, llega de un viaje en tren con fiebre y malestar. Se dirige a un famoso sanatorio, altamente recomendado. Así, a simple vista, le deja una magnífica impresión.
Un edificio blanco de siete pisos, de ahí, el nombre del libro.

En este hospital los pacientes son distribuidos por planta según su gravedad. Una especie del infierno de Dante con sus siete niveles, y siendo el séptimo piso, el más alto, el de los casos menos graves. Ahí es asignado nuestro protagonista.

Por diferentes razones, por demás absurdas, empiezan a bajar a Giuseppe a las plantas inferiores, entre  inconformidad,  enojo y  falta de respuestas congruentes y convincentes.

Una aventura de pesadilla, absurda, incongruente y opresiva.
Una crítica, llevada de forma excepcional, hacia ciertas instituciones deshumanizadas que esconden la burocracia y la desorganización, bajo una capa de pintura de modernidad y desarrollo.

Angustia, impotencia, enojo, exasperación, y frustración, son algunos de los sentimientos que se experimentan al leer este cuento largo o noveleta del escritor italiano Dino Buzzati. Se lee en un suspiro, pero te deja pensado.