"El sencillo hecho de la muerte de un allegado suscitaba en los presentes, como siempre ocurre, una sensación de complacencia, a saber: <el muerto es él; no soy yo>"
"No puede ser que la vida sea tan absurda y mezquina. Porque si efectivamente es tan absurda y mezquina, ¿por qué habré de morir, y morir con tanto sufrimiento? Hay algo que no está bien."
"Siempre lo mismo. De pronto brilla una chispa de esperanza, luego se encrespa furioso un mar de desesperación, y siempre dolor, siempre dolor, siempre congoja y siempre lo mismo."
"Era imposible que todo ser humano estuviese condenado a sufrir ese horrible espanto."
"Buscaba su anterior y habitual temor a la muerte y no lo encontraba. <¿Dónde está? ¿Qué muerte?> No había temor alguno porque tampoco había muerte.
En lugar de la muerte había luz."
León Tolstói construye una historia que en principio parece sencilla, la enfermedad y agonía de un hombre, que al enfrentarse a la muerte empieza a recapitular y cuestionar su vida. Y es ahí donde se encuentra la clave, en esa mirada restrospectiva, en esa sensación de frustración por haber vivido lo que se esperaba, y no lo que en verdad importaba.
Nos pone en la piel de ese hombre con una vida perfecta: el trabajo ideal, la casa de revista... y el que siempre hacía lo que la sociedad esperaba que hiciera.
Es una novela directa, que por momentos puede incomodar, porque nos hace buscar dentro de nosotros mismos, y hacer que nos preguntemos si en realidad estamos viviendo o sólo hemos estado cumpliendo lo establecido por la sociedad.
Y duele, porque esa muerte sólo despierta la indiferencia y el silencio de los demás, sus amigos. Sin dramas, ni reproches, simplemente una claridad que lastima.
Una lectura breve de León Tolstói que golpea con una fuerza que no se podía imaginar. De esas lecturas que te detienen, y te hacen pensar profundamente.
¡Lo recomiendo!

No hay comentarios.:
Publicar un comentario