viernes, 12 de junio de 2020

"Patria"... Mucho más allá del terrorismo.

"Asimismo escribí en contra del crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién debe abandonarla o desaparecer. Escribí sin odio contra el lenguaje del odio y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia  al servicio de su proyecto y sus convicciones tutoriales".

No conocemos ni el nombre del pueblo, ni los apellidos de los personajes, pero ellos van compartiendo narrativa a lo largo de los capítulos. Capítulos cortos, ágiles, intensos, descriptivos, y en los cuales vamos comprendiendo de a poco lo sucedido, y cómo el terrorismo los ha afectado y cambiado.

El día que la ETA deja las armas, es cuando empieza la historia, y por medio de un recorrido al pasado, mezclado con la vida en el presente, es que vamos caminándola y adentrándonos en ella.

Dos familias, amigos desde siempre, inseparables; la de Miren y Joxian con sus hijos Arantxa, Jose Mari y Gorka, y la familia de Bittori y Txato junto a Xabier y Nerea.
Al entrar Jose Mari a la ETA, recibe todo el apoyo de Mirren, su madre, y esa amistad de años, se resquebraja de golpe, y termina por enfrentarlos.

Txato, quien era dueño de una empresa de transportes, se niega a pagar el "impuesto revolucionario" que la ETA exigía, y es así como se les pone en la mira como objetivo potencial. El pobre Txato y su familia, acaban siendo acosados y prácticamente ignorados por todo el pueblo.

Patria no sólo nos muestra un pueblo con miedo, sino a vecinos de toda una vida, enfrentados por ideologías políticas contrarias, por fanatismo exacerbado y enfermizo, y por el mismo miedo que orilla a todos y cada uno, a decidirse por un bando. 

Cada personaje vive su historia, su verdad, su sentir y hacer, no sólo con el terrorismo existente, sino con el acontecer diario de la vida, del paso de los años, de los cambios, de ir y venir, del entorno cerrado, de los resentimientos y odios guardados, de la falta de... o el exceso de..., de los señalamientos, de lo hecho y no hecho, de lo soñado y nunca realizado, del deseo por aún lograrlo y lo difícil de dar ese primer paso.
Cada uno tiene una voz cantante, una voz que se le reconoce, tiene un color en particular y un tono en el cual vibran. Pero también el terrorismo tendrá su voz, para conocer la posición de ellos, sin caer en tintes políticos.

Fernando Aramburu nos muestra con esta historia como en una lucha, sea del tamaño que sea, no hay vencedores ni vencidos, porque al final de todo... todos han perdido algo. No estigmatiza a ninguno con el letrero de bueno o malo, y les da valor a todos: víctimas, victimarios, los que exigen y quienes callan. Unos buscando, simplemente, una disculpa, otros luchando desde una silla de ruedas porque ese perdón llegue y le da paz finalmente a una vida.

Personajes entrañables en ambas familias, de esos que se cuelan en el alma... pero Bittori se ganó, además, mi corazón.

Un GRAN libro que nos permite conocer de una manera más clara y amplia, ese conflicto vivido en el País Vasco, hace apenas unos ayeres. Para quienes vivimos del otro lado del charco, nos amplía un panorama que quizá no conocíamos en demasía, y por lo tanto, no lo comprendíamos del todo.
Es una historia que nos hace cuestionarnos en nuestro yo más íntimo, si la Patria nos hace ser y pertenecer, o si por ser y pertenecer, le debemos algo a esa Patria donde hemos nacido.
Es un libro intenso, desencarnado pero sencillo, que nos hace valorar la vida, la paz, la libertad de elección, la familia y la amistad.

Es un libro de esos que te deja pensando, asimilando, sintiendo.
Un libro que se debería leer, por placer, por gusto y por cultura general.
¡Me gustó muchísimo, y lo recomiendo ampliamente!





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